La espirulina, presente en el planeta desde hace 3.500 millones de años, se considera el alimento más denso en nutrientes actualmente conocido.

La espirulina, presenta la mayor fuente de proteínas y aminoácidos esenciales (60-70% de su peso seco) tanto del reino vegetal como animal. Además de ser muy rico en vitaminas, minerales, hierro y ácido gamma-linolénico, posee ficocianina, un pigmento conocido como “el oro azul” conocido por su fuerte actividad antioxidante y antiinflamatoria y por su efecto beneficioso frente al colesterol, diabetes, cáncer y algunas enfermedades neurodegenerativas.

Constituye sin duda un alimento clave en la nutrición preventiva y deportiva. Es por todo ello y por sus numerosos beneficios ambientales, que fue clasificado desde 1974 por la ONU como ​«uno de los mejores alimentos para el futuro de la humanidad».

El consumo de este alga verde azul data desde el siglo XVI cuando los conquistadores españoles descubrieron cómo los Aztecas recogían las algas de sus lagunas, elaboraban un pastel verdeazulado con ellas, que después consumían. Estas algas otorgaban una resistencia extraordinaria a los corredores de la corte para portar el pescado fresco desde la costa hasta los palacios.

Hoy en día, se sabe que aporta gran vitalidad, refuerza las defensas naturales, remineraliza y detoxifica el cuerpo. Tanto es así, que empieza ser ampliamente conocida y consumida por la población, desde atletas olímpicos hasta astronautas en la NASA.

En Canarias existe un proyecto y una marca especializada en espirulina, que nace para aportar algo nuevo y positivo al mundo, otra forma de nutrirse, cuidarse y de crear una economía sostenible.

-Microgreen espirulina-, surge como una alternativa para mejorar la alimentación, y hacerla accesible a todos. Y para ello, se ha propuesto ofrecer la espirulina en un formato innovador: “en ramas crujientes”, que permite por primera vez incorporarlo en las recetas del día a día a modo de “condimento nutricional” de manera fácil, rica y cómoda.

Hasta ahora sólo la podíamos encontrar en el mercado: en pastillas o en polvo, en su mayoría de procedencia d​ e cultivos industriales y con una calidad mermada por su forma de procesado y su alta oxidación.

Las diferencias de este nuevo producto para los que ya consumían espirulina son claras: su olor y sabor agradable, y su versatilidad a la hora de incluirla en los platos. Además, gracias a su secado a baja temperatura y a que no ha sido pulverizada conserva hasta un 52% más de vitaminas y enzimas que una espirulina en polvo o en pastillas.

El proyecto Microgreen cubre además, desde combatir la desnutrición promoviendo la incorporación de espirulina en la dieta de poblaciones subalimentadas, hasta identificar las distintas variedades que existen de esta ​microalga​ en los diferentes lagos naturales del mundo. La innovación alimentaria, es esencial para demostrar que la industria primaria puede producir un impacto positivo y transformador en el desarrollo de las comunidades donde opera y el medio ambiente en general.

La elección de nuestra dieta representa un voto hacia nuestra salud de mañana y el estado del planeta en el que queremos vivir. El objetivo es apostar por un alimento nutricionalmente completo que tenga impacto positivo en el medio, que mejore notablemente la salud e impida el desarrollo de enfermedades gracias a la llamada nutrición preventiva.

¿Te unes al cambio?