Un tsunami de arena asfixiante sepultó ayer a las Islas, que se ocultaron bajo una capa naranja de polvo en suspensión, dando la apariencia de un escenario apocalíptico. Ni intencionadamente se habría conseguido reproducir una imagen tal de estupor colectivo para uno de tantos rodajes como se prodigan en este plató últimamente. “Es dantesco y brutal”, admitió impactado Emilio Cuevas, nuestro experto de cabecera, que colidera desde Tenerife el mejor sistema de alerta del mundo sobre este fenómeno que contamina y enferma a la gente y, a la vez, revitaliza los océanos y el Amazonas, según las versiones contradictorias que circulan tras la mayor invasión de polvo sahariano de las últimas décadas. Todo obtuvo un color sepia y nada era visible a centenares o decenas de metros. “¡Esto es Marte!”, exclamó alguien sobrecogido por la escena en plena calle.

Fue borrón y cuenta nueva. Canarias sufrió ayer un estado temporal de aislamiento como pocas veces, cuando su espacio aéreo quedó cerrado por la escasa visibilidad, que dejó inoperativos prácticamente todos los aeropuertos. Fue un día completo de emociones fuertes, con nula visibilidad, numerosos incendios locales, árboles arrancados por el viento y múltiples destrozos, e, incluso, un terremoto en aguas de El Hierro y la llegada de langostas del desierto.

El espectral clima creado por la intrusión masiva de calima y el viento que alcanzó ráfagas superiores a los cien kilómetros por hora asfixió y estremeció físicamente a Tenerife y al conjunto del archipiélago, en una de esas jornadas que una generación tarda mucho tiempo en olvidar. “Acaso me venga a la memoria, hace quince o dieciséis años, un día de Reyes cubierto de una calima espesa, pero no llegó a ser tan intensa como ahora”, relataba ayer a este periódico el científico que mejor conoce la morfología del aire que respiramos y sus partículas en la atmósfera de nuestro cielo. Emilio Cuevas no dudó en resumir el fenómeno, ya a última hora de la tarde, cuando la mayor parte de los incidentes había quedado atrás: “Estamos ante un episodio de calima tremendo, impresionante, que probablemente pasará a la historia como uno de los más potentes, si no el más, de la historia desde que se tienen registros”. Eso convierte el día aciago de ayer en candidato a ser considerado el peor en contaminación de las islas en 20, 30 o, como decía anoche el presidente Ángel Víctor Torres, 40 años. El peor del siglo.

La jornada se cobró media docena de incendios en el norte de Tenerife y dos en Gran Canaria, cuantiosos daños materiales a causa de las rachas huracanadas de viento, innumerables escenas domésticas de alto riesgo, viandantes heridos por la caída de una teja o cualquier objeto inopinado, y carreteras cortadas con automovilistas al borde de una crisis de nervios.

La paradoja del domingo rojo de ayer -el Delta del Sahara- fue que una parte de la población se enfrentaba a las llamas que asediaban sus propias casas en Santa Úrsula, La Orotava, Los Realejos o La Guancha, o eran evacuadas a centenares y refugiadas en pabellones, en tanto, pese a la peligrosa toxicidad ambiental, miles de ciudadanos no desistían de retozar en el primer fin de semana del Carnaval de Santa Cruz, cuando en Italia suspendían el Carnaval de Venecia por el coronavirus. Las autoridades municipales habían descartado la noche anterior cancelar las actuaciones del Carnaval de Día, y una vez que el domingo mostró su peor rostro en el norte con incendios que exigían disponer de los medios necesarios para luchar contra el fuego, el Ayuntamiento capitalino envió los efectivos de ayuda pero confesó en una nota oficial que ya era tarde y desaconsejable cancelar los actos, pues “podría suponer un mayor riesgo”, ya que muchas personas tratarían de regresar a casa agravando los problemas de movilidad en las carreteras de la islas. Pero la polémica (que se sumaba a los niveles de irritación nasal) ya estaba servida. El alcalde de La Orotava, Francisco Linares (CC), arremetió contra la alcaldesa de Santa Cruz (PSOE), Patricia Hernández, por no haber depuesto la fiesta en vista de la alerta general: “Un poco de solidaridad y de vergüenza”, clamó, alentando el sentimiento insular con un “Todos somos Tenerife”.

Dio para tanto este extraño domingo sin fútbol, pues los blanquiazules habían hecho los deberes en la víspera, que las quejas se dirigían a otra clase de árbitros y no entre dirigentes deportivos, sino políticos, en un día de Carnaval y drama, cuyo abrazo inédito, festivo y macabro a la vez, no dejaba de ser histórico. De nuevo el experto abordó las razones de esto último: “Si una capital como Santa Cruz suele estar por debajo de los 20 microgramos de PM10 (partículas del aire) por metro cúbico, este domingo alcanzó los 3.600”. Y remachó Agüera el escalofriante dato: “El umbral máximo está establecido en 50 microgramos por metro cúbico y a partir de ahí se considera contaminación”. Los problemas de la calima en la salud no son ya ningún secreto, están suficientemente acreditados, y las autoridades sanitarias advirtieron de ello con antelación, aconsejando a alérgicos y enfermos crónicos no pisar la calle.

El fenómeno había sido cazado desde el jueves por los investigadores de Tenerife y Barcelona (el Centro de Izaña de la Aemet en colaboración con Barcelona Supercomputing Center, del Centro nacional de Supercomputación), y el viernes lo tuitearon para conocimiento general. Las mediciones que se realizan desde Izaña, con analizadores de PM10 con tecnología BETA, avisaban de que sería, como ha sido, “brutal”. Estos valores alcanzados en la acumulación de polvo en suspensión constituyen “una barbaridad”. Miles de personas se expusieron ayer en las calles de Santa Cruz a los efectos de una bomba de calima, acaso sin reparar en las consecuencias que podrá acarrearles en términos de salud. Un redactor de este periódico, que recorrió las urgencias hospitalarias para testar los primeros brotes en la población, no apreció ninguna alarma. Pero los médicos ya advierten de que las enfermedades respiratorias por exposición a calima tienen un efecto retardado; habrá que esperar novedades en las próximas horas.

La primera lectura de los hechos y los pronósticos oficiales permite ser optimistas a partir de hoy, como anticiparon anoche el presidente regional Ángel Víctor Torres y los presidentes insulares de Tenerife y Gran Canaria, Pedro Martín y Antonio Morales. El viento comenzará a remitir y la calima hará lo propio. Pera esta última se tomará más tiempo. Lo siguiente, si se dan las mejores circunstancias, será asistir a una suerte de lluvia roja, que no es ninguna novedad por estas tierras, nunca mejor dicho. Se trata de lluvia con barro. La gota de agua cae al suelo empolvada. Y será el paso de los días el que vaya limpiando de arena la atmósfera y permitiendo respirar en mejores condiciones a unos ciudadanos sometidos al peor aire del mundo, según algunos índices de medición de calidad atmosférica.